El yate surcaba sereno el mar azul, trazando una suave estela en sus aguas. Anya II se llamaba porque la primera era la que vivía en el corazón de Tomken. Su amada esposa jamás sabría que hubo otra Anya, más específicamente "Anyita", un magnífico ejemplar que lo había hecho ganar varios millones en las carreras y en cuyo honor había bautizado al yate comprado con parte de dichas ganancias. Su esposa siempre pensaría que se debía a ella, así tenía que ser.
Tomken bebió un sorbo más de su whisky