—Tomken, querido ¿Cuándo volverás?
Temprano en la mañana, Anya había recibido una llamada de su esposo.
—En unos días ¿Todo bien por allá?
—Han pasado algunas cosas, lo hablaremos cuando regreses.
—¿Tragos para uno? —le preguntó el garzón a Tomken.
El hombre se apresuró a cubrir el micrófono del teléfono.
—Para dos —dijo él—. Querida, nos vemos pronto. Dale mis saludos a los chicos.
Alguien se sentó en la tumbona junto a la suya. El día estaba maravilloso, perfecto para pasarlo frente al