—Debo saber qué ha causado la crisis de Vlad esta vez —dijo Anya en su despacho.
—Ha sido una mujer —aseguró Igor.
Ya se imaginaba ella quién sería la responsable.
—No me lo digas, ha sido Samantha.
Igor era un mayordomo excelente. Había ido a una escuela para mayordomos. También había vivido una temporada en oriente, donde se instruyó en diversas disciplinas. Cuando él realizaba la ceremonia del té a la usanza japonesa para Anya y sus amigas, nadie imaginaba que también dominaba, con igual