—Este collar es un regalo de papá, no puedo donarlo.
En su habitación, Sofi tenía unas cajas para guardar aquellas pertenencias que había acumulado en su vida mundana y que ahora donaría a la caridad. Luego de una hora de revisión seguían vacías.
—Esta pulsera me la dio Andy, tampoco puedo donarla.
Sentada en la cama, Cami la observaba. Quería ver el instante preciso en que el reciente plan de vida de Sofi colapsara sobre sí mismo y ella volviera a ser como al principio. Estaba segura de que