Vlad carraspeó, ya le dolía la garganta de tanto gritarle a Sofi por su último crimen. Tan pequeña y con un prontuario rápidamente en ascenso, su escalada delictual era sorprendente.
Al menos había usado el cinturón de seguridad y no tenía ningún rasguño. No podía decirse lo mismo del auto. Ni del que estaba delante de ese en el garaje. Tendría que inventar una excusa convincente para explicar su ausencia.
—No lo volveré a hacer hasta que obtenga una licencia —dijo la niña, cabizbaja.
—¡Nunca t