Katya nunca estuvo tan agradecida con Artem. Ella retó a Egan con una ceja alzada y una sonrisa pícara. Egan parecía que se pondría tan rojo que explotaría.
– ¿Acaso quieres exponerla al peligro? –Egan exigió–. Si a ella le ocurre algo, ni tú ni yo…
– No necesitamos protegerla nosotros –le interrumpió Artem. Katya notó que él tenía una fascinación por interrumpir a los demás. Egan, al contrario, odiaba que lo interrumpieran–. Habrá cientos de guardias armados que nos protegerán a todos, incluyé