30. La despedida
Hellen lo besaba con una ternura que escondía la urgencia de su deseo. Sus labios recorrieron su cuello, sintiendo la forma en que su respiración se aceleraba bajo su toque. No había tiempo para dudas, no había espacio para arrepentimientos. Solo existía el aquí y el ahora, y Hellen estaba decidida a exprimir cada gota de placer que este encuentro les ofrecía. Esta vez, ella tomó la iniciativa, guiada por una mezcla de necesidad y curiosidad. Se deslizó sobre él, sintiendo el calor de su piel c