164. El salón
Hadriel apenas asintió en respuesta. Su mente estaba en otra parte, en lo que podría suceder en las próximas horas. Cada palabra de La Madame, cada gesto calculado, solo aumentaba su desasosiego. Por más que intentara controlar sus emociones, no podía evitar sentir una creciente tensión en su pecho. Estaba a punto de enfrentarse a un misterio que lo había obsesionado durante años: la identidad de su Cenicienta, la mujer que había dejado una huella indeleble en su vida.
Mientras La Madame hablab