129. El quiebre
Así, con los ojos brillantes por las lágrimas que se negaban a caer, Hellen guardó el teléfono en su bolso y se levantó de la silla. Su cuerpo temblaba, pero con una última mirada hacia Hadriel, decidió que no lo molestaría. No interrumpiría su vida perfecta, no le causaría más complicaciones. En su lugar, se giró lentamente y comenzó a caminar hacia la salida, tratando de convencerse de que esta era la decisión correcta, aunque cada paso le doliera más que el anterior.
Salió del edificio, sus