Capítulo Treinta y cinco; Sola y perdida.
Entro a la habitación de Damián gracias a un permiso especial que Anthony pudo conseguirme, el estómago se me contrae al verlo con vendas por todo el cuerpo y cubriendo su cabeza, el corazón se me encoge...esto no debía pasar.
Me acerco a él y tomo la mano que tiene libre. Dejo un beso sobre ella y mis lágrimas comienzan a caer sin poder evitarlo.
—Por favor despierta Damián. No puedo ni quiero seguir esta vida sin ti, ¿qué hago si no te tengo? Tienes que abrir los ojos y...no importa si no m