- El salario de los sirvientes es muy alto, para que no corran el riesgo de ser sobornados.
- Era una suma importante, Alteza, como ya le comenté.
Luca suspiró:
- Dinero, dinero... Siempre dinero.
- La puta cosa ya está hecha... No hay vuelta atrás. – dijo Catriel levantándose.
- Perdón. – Parecía realmente arrepentida.
- ¿Qué hiciste con el dinero que ella te dio? – quiso saber Lucca.
- Yo... no lo entendí. Después de decir la verdad me sentí culpable. Y terminé no aceptándolo.
- Debiste haber