- ¿En su caballo? - No lo tenía claro.
- En mi yegua -me corrigió, ofreciéndome la mano.
Miré al animal y lo toqué por detrás de donde estaba la celda, sintiendo el suave pelaje.
- ¿Qué te parece, Tormenta? ¿Te sobrecargo? - Le toqué el cuello.
- No habla.
- Pero es un ser vivo.
- Un animal.
- Aún así... Seríamos dos personas encima de ella.
- Ella podría llevar un carro si estuviéramos en la antigüedad.
- Pero no lo estamos. Estos son tiempos modernos.
- La fuerza de los animales no ha cambiad