A la mañana siguiente noté que Catriel no estaba en la mesa durante el desayuno. Tratando de no parecer interesada en saber dónde estaba el príncipe heredero, me arriesgué:
- ¿Vas a montar hoy, Lucca?
- Sí, entreno todas las mañanas.
- Me pregunto si... ¿Le importaría a Catriel que montara a Tormenta?
- Hay varios caballos más, querida. ¿Podrías pedirles que elijan un caballo más suave que Tempestad para ella? - La reina miró a Lucca.
- Pero Tormenta es mansa -repliqué.
- ¡Tormenta no es muy ma