Max gruñó y se dirigió en dirección a Catriel. Me detuve frente a él, impidiéndole que me siguiera:
- ¡No, Max, por favor! Él no vale la pena.
- ¿No? Creí que te había gustado lo que pasó entre nosotros... - Catriel se sentó en el banco, provocativamente.
- No sé de qué hablas, Catriel.
- "Su Alteza", por favor. - me corrigió.
Caminé unos pasos hacia él y acerqué mi cara a la suya:
- C-a-t-r-i-e-l -repetí su nombre, casi deletreándolo, saboreando el sonido de cada letra que salía de mis labios