Los seguí, sin poder dejar de mirar los cuadros de las paredes, hasta que alguien me detuvo y me agarró del brazo.
Me detuve y me di vuelta, encontrándome con Catriel.
- No", dijo rápidamente.
Catriel jadeaba y el sudor le chorreaba por la frente.
- ¿Qué ha pasado? He oído gritos.
- Tú no oíste nada. - Intentaste confundirme.
- No estabas aquí... - Arrugué la frente. - Oí gritos... A lo lejos. Tus padres salieron corriendo... ¿Pasa algo?
- Nada que le interese, Alteza.
- Por favor... Necesito s