El camino de regreso por la oscura calle leñera hacia el apartamento del garaje fue una tortura silenciosa y helada. La lluvia de la montaña se había convertido en una ráfaga constante y helada que empapaba las capas de lona y denim, cargada del peso de la derrota. Noah caminaba muy lejos; sus pequeñas zapatillas se lanzaban con fuerza a través de los charcos negros, y sus ojos estaban fijos en el frente. A cinco pasos de Olivia, el tío Ben marchaba como un fantasma. Su enorme cabeza estaba inc