Benjamín llegó a la empresa, inmerso en sus pensamientos. Se detuvo frente al escritorio de Antonella, ahora vacío, sabiendo que no la vería más. Sabía que aún era muy temprano y que tal vez ella desistiría de la renuncia y daría marcha atrás. Tenía la esperanza de verla entrar por la puerta de la empresa y pedir su trabajo de vuelta.
Antonella era orgullosa; no daría marcha atrás en su decisión.
Él golpeó con los dedos sobre su escritorio y recordó su bello rostro. Entonces, después de unos se