Con el odio permeando sus sentimientos, Alessia se acercó a su padre, sin que él se intimidara. Se detuvo frente a él, esperando impacientemente que respondiera su pregunta.
—Llegué del hospital hace exactamente una hora y tú, aunque sabías que estaba en casa, no apareciste para saludarme. —Enrico desvió la mirada hacia Benjamín, haciendo algo que Alessia no esperaba—. No te debo explicaciones, niña mimada, así que, por favor, vuelve a tu cuarto.
Fue tomada por sorpresa y, levantando la cabeza,