Me desperté envuelta en la calidez de Damon, mi pequeño acurrucado entre mis brazos. Anoche sus ojos curiosos buscaron respuestas sobre su padre, pero decidí desviar la conversación, entre cuentos y caricias, manteniendo su inocencia intacta. La noche en mi departamento había sido tranquila, ya era habitual para él dormir con él.
Al amanecer, noté que mi bebé aún dormía, así que me deslicé cuidadosamente fuera de la cama y me dirigí a la cocina. Mientras preparaba los panqueques, el sonido del