Un año después.
Han pasado varios meses desde que mi pequeña partió. Al principio, me sumergí en un abismo de dolor. Pasé semanas encerrada en mi habitación, sin ganas de comer y con la oscura tentación de poner fin a mi sufrimiento. Pero algo dentro de mí se aferraba a la vida, un lazo indisoluble con Damon, mi precioso bebé. No podía abandonarlo en este mundo cruel.
La terapia se convirtió en mi tabla de salvación en los meses siguientes. Sentía que no podía seguir adelante, pero el apoyo inquebrantable de M