Harry Chrysler
Abro los ojos con lentitud, luchando contra la neblina que nubla mi mente. Una sensación de desconcierto me envuelve cuando mis pupilas se ajustan a la brillante luz blanca que inunda la habitación del hospital. Mis primeros instintos buscan en vano una pista sobre mi paradero, pero las paredes impolutas y la ausencia de cualquier rastro personal me dejan con más preguntas que respuestas.
Una sombra se desliza por el borde de mi visión, y al girar la cabeza, me encuentro con una