Adam mira a Samantha de soslayo en todo el tiempo que dura la clase. Y por más que lo intenta, no logra concentrarse, ya que en sus pensamientos solo está ella y su ausencia en todo el tiempo libre que tuvieron. Desde que la sesión termina y los alumnos dejan el salón vacío, quedando solo ellos dos, él se le sienta al frente, forma media sonrisa y la encara ceñudo.
—¿Dónde te metiste hoy? —le pregunta con mirada fija a su reacción y a la expectativa de una respuesta.
—Estuve siempre aquí —res