Samantha mira a su alrededor aterrorizada. Aquel lugar luce tan tenebroso como las dos personas frente a ella.
El frío, el hambre y la incomodidad es lo que menos le preocupa en ese momento, puesto que teme a que esas personas le hagan daño.
Bárbara se acerca a ella con esa sonrisa malvada que le hela los huesos. No puede evitar preguntarse cómo una madre puede ser capaz de hacerle tanto daño a su propia hija.
Amordazada y amarrada, sin haber bebido ni comido nada, Samantha se marea por ratos y