El corazón del guardaespaldas: 15. ¿Lo haremos aquí?
La mañana siguiente despertó gracias a su llamada.
— Buenos días, rubia — su voz ronca le hizo sentir mariposillas en el estómago.
Sonrió, desperezándose de a poco.
— Buenos días — contestó ella, feliz de escucharlo. Se habían quedado hablando toda la madrugada después de haber estudiado y no recordaba el momento exacto en el que se quedó dormida.
— Estoy cerca de tu piso, te veo en diez.
Ella contestó con un dulce “está bien” y luego colgaron. Se duchó rapidísimo y minutos más tarde ya se enco