El corazón del guardaespaldas: 10. Eso fue asombroso
Ni bien cerró la puerta de su apartamento cuando volvió a besarla; tomándola nuevamente por sorpresa y arrancándole un tierno gemido que terminó ahogado en sus labios.
Con sus manos firmemente sujetando su cintura, la arrastró al interior hasta que llegaron a la habitación. Con movimientos torpes, abrió la puerta, la tomó de los pequeños muslos y la sentó sobre la superficie de un mueble de madera que tenía allí para después encender la luz.
— ¿Puedes… puedes tenerla apagada? — le preguntó ella