66. Absoluta oscuridad
— Estás loca, no voy a hacer eso — musitó, agobiada, mirando como su bebé comenzaba a llorar entre sus brazos.
Dios, quería tanto calmarlo. Se incorporó, y aunque sintió una pequeña e incómoda punzada en la parte baja de su vientre, no le importó, quería alcanzarlo y tomarlo.
Victoria sonrió con fingida pena y retrocedió un par de pasos, entonces sacó un arma del bolsillo de su chaqueta y apuntó su frente.
— Sí que lo harás — amenazó con una sonrisa de triunfo y luego desvió la dirección de la