De pies, y recostada de la puerta, Legna mira al cielo con una mueca que denota lo aburrida que está. Ella deja caer los hombros y resopla, luego se dirige al baño y se ducha.
Un vestido floreado y colorido en tonos veraniegos se ciñe a su cuerpo, acompañado por unas sandalias marrones y una mochila pequeña de piel.
Su cabellera larga y ondulada, del color del arrebol del cielo en el atardecer, cae a los lados de sus brazos a la perfección.
Ella no necesita pintarse los labios porque estos pose