Dylan regresa al centro de la ciudad de la manada Fuerza de bronce con estupor, pasos titubeantes y expresión desdeñosa.
Todavía no lo asimila.
Ella, la chica que lo saca de sus casillas y a quien nunca ha soportado, es su mate.
«¡Maldita suerte la mía!», se queja en su mente mientras hace una mueca que denota sufrimiento.
Él se frota el rostro varias veces y suspira con impotencia.
—¿Qué haré ahora? Legna nunca aceptará el reclamo, pero tampoco el rechazo porque le encanta fastidiarme. ¡Chiqui