La señora Roux nos llevó al jardín para tomar café, en el camino nos contaba la historia de su casa y me sorprendió a un punto bastante grande. El señor Lennox cargaba a su nieta que parecía disfrutar de su compañía y reía en los brazos de su abuelo.
— Gracias por cuidar a Lena — le sonreí y miré a mi hija — cuando se cansé puede dármela, no quiero darle mucho trabajo con la niña.
— Nunca me voy a cansar de esta preciosidad de niña, por cierto su cuarto se encuentra al lado del de ustedes y y