Punto de vista de Gabriela
Se me cortó la respiración en el momento en que mi frente chocó contra algo inamoviblemente sólido.
Por un instante, solo pude sentir el dolor vertiginoso que latía entre mis ojos.
Entonces, un aroma limpio, fresco, algo caro e inconfundiblemente masculino me envolvió.
"¡Javier!", llamé, tambaleándome hacia atrás instintivamente.
La oscuridad de la habitación había borrado por completo sus rasgos, dejándome solo con la silueta de su cuerpo.
Estaba rígido y desconcertantemente quieto.
Con mis pensamientos dando vueltas, el pulso me retumbaba en los oídos. No sabía qué pensar o decir para salir de aquella situación incómoda.
Javier tampoco me ayudaba. Estaba mudo como si le hubieran pegado los labios.
"Yo... no sabía que eras..." Las palabras se me enredaban en la lengua.
No dijo ni una palabra, ni se movió. Simplemente extendió la mano y pulsó el interruptor.
Al instante, una luz intensa e implacable inundó la habitación, haciéndome estremecer ligeramente mi