Amelia iba de un lado a otro, despotricando en contra de Dimitri.
—Una semana —dijo, imitando su voz de forma ridícula—. ¡Qué se meta su proposición por donde mejor le parezca! —gruñó.
Se detuvo y levantó las manos, imaginando que rodeaba el cuello de Dimitri. Fingió apretarlo durante unos segundos, luego sacudió las manos, las dejó caer y volvió a caminar por la habitación.
—Si sigues dando vueltas así, vas a marear al bebé —comentó Sophie.
Amelia se detuvo abruptamente y la miró.
—Me propuso