Dimitri se acercó al asiento para bebés, donde su hija dormía profundamente, y comenzó a quitar los seguros con cuidado. Su expresión de concentración resultaba casi divertida; sus manos se movían con eficacia, pero sus ojos no dejaba de mirar su rostro, como si temiera que sus movimientos la despertara.
Amelia tuvo que apretar los labios para no reír.
Finalmente, él la tomó en brazos. A pesar de que la pequeña Irina había crecido bastante en el último mes, aún parecía desaparecer entre los bra