Cap. 32 La muerte de Norca
Rowena se levantó y Enrietta le dijo con su clásica sutileza.
—Calma, señorita, parece ofendida. Tengo que decirle que le aconsejé a Boris que se quitase esa espinita con usted y que actuase como el hombre que es. Ahora, si le prometió algo en el camino, no debió creerle que todo hombre que se respete, promete el oro con tal de que la mujer ceda antes sus deseos.
—Usted es la mujer más ruin que ha existido.
Enrietta sonrió complacida.
—Veo que le creyó… No seas tonta bruja, acepta mi propuesta,