18-MIA.

Comenzó besándole los senos, alternaba entre besos tiernos y posesivos, entre lamidas y chupadas de los pezones, incluso, una que otra pequeña mordida. A Grecia eso la fue relajando y por ende, excitando.

—Quítame la camisa —le ordenó Draco.

Grecia, le desabotonó la camisa con delicadeza, Draco, se la acabó de quitar por completo.

—Quiero verlo.

—¿Mi tatuaje?

Grecia asintió.

Draco se viró de espalda y se bajó su pantalón para dejar al descubierto un hermoso y enorme tatuaje, era un dragón,
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