Mundo ficciónIniciar sesiónMe río cuando veo a mi amiga salir apresurada, lleva el cabello hecho un desastre y el rímel corrido bajo sus parpados.
— Te ves terrible. — me mira mal y solo sonrío. — come, debemos estar en el aeropuerto en veinte minutos.
— Solo porque es Miami, cuidad de latinos ardientes y playas de ensueño te perdono el que me hayas despertado después de haber dormido solo dos horas.
Arqueo una ceja.
— ¿Así que la noche fue productiva? — canturreo divertida.
— Oh amiga, ese chico y su verga son lo mejor que me ha pasado en años. — abro los ojos y ella empieza a reírse. — amo tu inocencia.
— No soy inocente, pero tú eres una indecente. — juego con las palabras y me acerco a ella. — dejando el chiste a un lado, debes compórtate Meg, me costó mucho convencer a mi padre de que me acompañaras, investigó tu vida y…
— Tu padre me da miedo. — habla con la boca llena mientras se atora en pizza. Exhalo, este será un largo verano.
— Mi padre es un senador, obviamente debe investigar a cada persona que lo rodea, y no le agradó para nada que tengas manchado tu expediente judicial, dos arrestos por disturbio público y uno por acoso ¿Es en serio, Meg?
Se ríe. — si hubieras visto al hombre al que le mandé la mano al paquete, me hubieras comprendido. — niego cerrando los ojos.
— Hablo en serio, si no te comportas en nuestra estadía en Miami, mi padre te enviará en el primer vuelo a Londres. — gruñe con fastidio, y me cruzo de brazos frente a ella.
— Prometo no tocarle el paquete a tu padre o alguno de sus amigos estirados. ¿Contenta? — abro la boca.
— No le tocarás el paquete a nadie, Meg. — le aclaro. Pone los ojos en blanco y asiente.
— Ok, pero no respondo si encuentro al amor de mi vida en esa paradisiaca y ardiente ciudad.
— Haz lo que quieras, pero que mi padre no se entere. — le digo, ya cansada de hablar con una persona con menos entendimiento que una roca.
Terminamos de arreglarnos, salimos del departamento y tomamos un taxi rumbo al aeropuerto. Nuestro vuelo por poco nos deja y todo por culpa de mi amiga, ¿A quién se le ocurre ligar con un desconocido en mitad de una sala de espera?
Meg me dedica una mirada de disculpa mientras pago la multa por haber atrasado el vuelo, finalmente subimos al avión y me acomodo en mi asiento cruzándome de brazos y resuelta a no hablarle a la inconsciente de mi amiga.
— Rubia. — me zarandea y refunfuño. — perdóname… es que ¿Viste a ese chico? Estaba buenísimo, tenía que pedirle su número.
Sello mis labios mirando por la ventana cuando el avión se eleva en las alturas, Megan sigue molestándome durante media hora, la cabeza me duele terriblemente y mis ganas de lanzarla del avión en movimiento crecen a cada segundo.
— ¿Así que me castigarás con tu indiferencia? — dice con voz cansina. — bien, veremos quién es más perra.
Se cruza de brazos y mira al frente. Exhalo, solo a ella y a mí se nos ocurre ser amigas con personalidad tan chocantes. Yo soy de por más orgullosa e irritable, y ella exasperante. Pero la quiero es mi amiga y no puedo permanecer mucho tiempo molesta con ella, solo la castigaré por un rato más para que entienda que debe aprender a comportarse. Mi padre se volverá loco al tener a una chica como ella en su casa llena de reglas y etiqueta.
Cuando aterrizamos en Miami es más de medio día, el sol ardiente de la ciudad está en su pleno esplendor, me deshago de mi chaqueta y quedo en una blusa de tirantes y una falda corta. Mi amiga también se cambia por algo más acorde al clima, ella tiene un cuerpo increíble así que todo lo que se ponga le queda perfecto.
Bajamos del avión y mi atención se fija en los tres autos negros, junto con más de diez hombres vestidos de negro. Joder.
— ¡Oh por Dios! ¡No me digas que todo esto es por nosotras! — mi amiga se ve más que complacida de tener a diez hombres corpulentos esperándonos.
Uno de ellos se acerca, es moreno, alto y de cabello corto. Noto que mi amiga se yergue acomodándose los pechos en su pequeño top, ok ya empezamos.
— Buenas tardes señorita Campbell. Soy Michael Sander, guardaespaldas personal de su padre, quien me delegó para escoltarlas hasta la mansión. — señala la camioneta y mi amiga en menos de un segundo se le guinda del brazo logrando que el hombre frunza el ceño.
— Un gusto Michael, soy Megan la mejor amiga de Jenny. — b**e sus pestañas exageradamente y el hombre solo la retira amablemente soltándose de su agarre. Que jodida vergüenza.
— Un placer ¿Señorita…?
— Murphy. — le dice con voz cantarina.
El hombre vuelve a mirarme.
— Debemos retirarnos, su padre la espera en la mansión. — me señala nuevamente el vehículo y ruedo los ojos.
Odio que mi padre me trate como a una niña. ¿Por qué mandó a diez de sus gorilas a custodiarme? Ni que alguien quisiera acribillarme apenas ponga un pie en esta ciudad.
Sin más remedio subo a la camioneta con mi amiga al lado. Michael sube adelante y otro hombre arranca la camioneta y nos adentramos a las grandes avenidas de la ciudad.
Sonrío al recordar mi infancia, aunque siempre iba acompañada de la seguridad de mi padre, lo que más me gustaba era sentir el viento golpear mi rostro a través de la ventana de un auto en movimiento. Era lo más cercano a la libertad para mí.
Decido que quiero volver a sentir esa sensación y bajo el vidrio de la camioneta blindada, cierro mis ojos y siento el viento golpear mi cara, una sonrisa real se expresa en mi rostro, esto es agradable, pero un fuerte tirón seguido de un impacto en la camioneta me aturde.
Parpadeo cuando el moreno me cubre con su cuerpo y empieza una balacera justo frente a nosotros.
Mi amiga tiembla contra la puerta de su lado, mientras Michael me cubre con su cuerpo y dispara por la ventana a un auto que viene muy cerca del nuestro.
— ¡¿Qué carajos está pasando?! — le exijo colérica. Acabo de poner un pie en esta ciudad y por poco me pegan un tiro en la frente.
— Es una emboscada, ya se enteraron de que la hija del senador está en Miami, la atacaron. — dice finalmente, cierra la ventana blindada y puedo ver por el vidrio posterior como la camioneta que nos atacaba queda atrás con los neumáticos destrozados. — no debió abrir esa ventana sin consultármelo.
Lo miro mal y termino empujándolo.
— ¿Se supone que ahora debo pedir permiso hasta para recibir aire en la puta cara? — grito exasperada.
— Le recuerdo que es la hija de un alto mando del gobierno, su vida corre constante riesgo.
— ¡Oh pues que maravilla! Que afortunada soy al ser el objetivo de todos los enemigos de mi padre.
— Señorita, le pido que se tranquilice…
— Quiero que me lleve a mi casa ahora, mi padre va a oírme. — le señalo su asiento para que se aleje y el moreno no replica, se acomoda adelante y volvemos a la tranquilidad de la carretera.
¡Genial!
Estos dos meses voy a vivir en constante estrés para intentar salvar mi puto trasero ¡Qué emoción!
Nótese el sarcasmo.







