Intento arreglar mi desastre en lo que me alejo por los pasillos y regulo el ritmo de mi errática respiración. Cuando llego a la entrada del jardín la organizadora está roja de rabia y gritándole a todo el mundo y presiento cuál es el motivo; yo.
No me molesta en lo más mínimo. Es más, me alegra por lo menos haber saboteado un poco lo perfecto del teatro que mi padre ha montado en este lugar.
— ¡Señorita Campbell! — la mujer se acerca a mí como alma que lleva el diablo apenas me ve. — ¿En dónde