— ¿Has comido algo? — niego lentamente sintiendo como mis parpados se cierran involuntariamente.
— Eres una descuidada, te drogaron, ataron y encima donaste sangre y no has comido absolutamente nada. — sonrío mirándola.
— No me regañes tanto. Ya pareces mi madre. — su rostro se torna serio de pronto.
— Iré a traerte algo de la máquina.
Se levanta y camina hacia la salida de la sala. Miro a mi padre que permanece serio y aunque la tipa a su lado se esmera mostrándole catálogos de boda el solo ob