La miro con severidad. — tienes razón, eres una mala chica, y ya me encargaré de castigarte por eso. — siento como pasa saliva nerviosa ante mis palabras. — pero ese imbécil tendrá que oír lo que tengo que decirle.
— Pero…
— No Jennifer, así tú le hayas rogado que te dejara acompañarlo el no debió acceder, y si lo hacía, por lo menos se aseguraba de que estuvieras usando un puto cinturón de seguridad ¿O me equivoco? — no dice nada. — esas carreras son demasiado peligrosas, ustedes dos cometiero