Camino con pasos firmes hasta el vehículo, abre la puerta para permitirme ingresar, lo hago y la cierra dejándome en la penumbra del asiento trasero, el vidrio negro que nos divide está levantado y sé que se debe a que no quiere verme. Mejor así, yo tampoco deseo seguirme confundiendo.
Llegamos a la gala veinte minutos después, el pelinegro sale del auto y lo rodea para abrirme la puerta. Apenas pongo un pie afuera los flashes de las cámaras me hacen parpadear incómoda. Camino rápidamente segui