Aprieto mi mandíbula tan fuerte que creo terminaré rompiéndola. Regreso a las duchas y abro mi casillero irritado, no recuerdo la última vez en la que hubiera estado de tan mal humor, mi trabajo me gusta, pero cuidar de una casi puberta insoportable me está enervando a niveles antes desconocidos para mí.
Michael se para a mi lado y se ríe, escuchar esa molesta risa me cabrea todavía más. — ¿Qué quería la riquilla?
Lo miro impávido. — ir a comprar trajes de baño para ir a broncearse en la playa.