Impactada por ver aquel hombre que la hizo sufrir, no tuvo otra reacción más que la de una cara pálidas, ojos que describen entre su esclerótica el temor que siente y unos labios ligeramente abiertos.
Era tan viejo que su barba alcazaba la altura de su pecho, su barriga cervecera correspondía a la de una mujer con gemelos, y con cuatro meses de gestación.
Su vestimenta era simplemente la de un Noble de bajo nivel, algo tan impropio en él en el poco tiempo que se había dedicado a conocerlo.
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