El amor todo lo puede.
La noche había transcurrido con una intensidad abrumadora. La pareja, presa de la desesperación, se encontraba a merced de Amanda, una mujer cuyo temple y violencia les hacían temer por sus vidas. Sostenía un arma con una frialdad capaz de matar sin remordimiento.
Rodolfo había preparado una carne que resultó estar poco cocida, goteando sangre, una visión repugnante para Debora, quien al verla, sintió un asco tan intenso que estuvo a punto de vomitar. En ese momento, Amanda, con una crueldad de