Luego de no escuchar sonido del otro lado de la puerta, Débora decidió abrirla.
—¿Hola?—intentó buscar respuesta, pero no vio a nadie. Luego bajó la mirada y vio una caja de regalo.
Sonrió tontamente, imaginando que esto provenía de su esposo o algún familiar. Se agachó con cuidado y tomó la caja. Aunque estaba un poco pesada, hizo un gran esfuerzo por llevarla hasta la sala de estar.
Estaba tan emocionada que abrió la caja sin siquiera leer la carta. Tan pronto como la abrió, quedó horrorizada