Los amantes despertaron uno abrazado al otro. Arya abrazaba a Ayden por el pecho y mantenía una pierna encima de la de él. Piel con piel. Desnudos del alma y del cuerpo. Un golpe en la puerta los despereza. Arya se estira, pero el calor de Ayden es más cómodo para ella.
—¿Quién? —pregunta cuando vuelven a tocar.
—Despierta, dormilona, tenemos que trabajar, vamos tarde —exclama Robín del otro lado de la puerta.
Arya pega un brinco bajándose de la cama y rápidamente se envuelve en su sábana.