Rumores.
Laura había tenido que lidiar con el mal humor de Martín durante muchos días. Cada desplante suyo era como una nube oscura que la seguía, pero ya estaba acostumbrada a esquivarla. No podía rendirse ni perder su trabajo; el proyecto de moda era su oportunidad, y aunque Martín se lo tomaba muy en serio, ella sentía que su propio futuro pendía de un hilo.
El proceso de reclutamiento los mantenía ocupados, y si debían cruzar palabra, era solo para lo estrictamente necesario. Para Laura, eso supuso