Me voy a uno de los sillones que esta apartado de todos y me tumbo sobre él al tiempo que dejo salir un suspiro. Una musa me ofrece una copa de vino, pero la rechazo, después de saber todo esto, lo menos que quiero es tomar.
—Cielos benditos…— Digo en voz baja mientras miro a todos. —Qué familia tan peculiar tengo— Suelto una ligera risa y me acomodo en mi asiento.
—Hermana—
Una de mis hermanas, Ilitía la Diosa de los partos, se acerca a mí para luego sentarse a mi lado.
— ¿Si? —
— ¿Qué haces a