Ileana tenía ganas de echarse a llorar en ese mismo instante y no sabía cómo comunicarse con Velkan. Ya su mal humor había evolucionado a una escala mayor y se había convertido en algo que lo hacía lucir como una persona diferente en su totalidad. Alguien irracional que no escuchaba su voz.
—Para empezar, necesitas cuidar tu mal genio, no quiero un lío aquí y te juro que no quieres tener una pelea conmigo —dijo Antonella con serenidad.
—¡No me calmo! —golpeó una de las puertas, lo cual ocasionó