Ileana no podía articular una palabra después de lo ocurrido hace un momento con su novio. Su corazón casi se había detenido del miedo, cuando las pupilas de Velkan se agrandaron y movieron con rapidez, hacia el interior de la casa, mientras sus uñas habían rasguñado la madera del marco de la ventana por el cual observaban el exterior de la casa.
En un abrir y cerrar de ojos, y ante las preguntas de Ileana, Velkan había comenzado a caminar en aquella dirección, sin decir nada y subió las gradas