Aquella noche de luna menguante había sido el preludio de una serie de persecuciones indirectas y afán de convencimiento de Antonella hacia las Brujas Blancas. Romina había sido la primera, quien después de días esquiva con la pelirroja, y después de haberlo pensado una y mil veces, al fin había accedido para tener la vida eterna y dejar de lado los miedos que la invadían.
–Espera, Antonia –suplicó una de esas noches, mientras una de sus manos se aferraba a la tela del vestido de Antonella. Se