La señora Doina había parqueado su auto con mucha precaución, como siempre. Antonella y Romina habían estado platicando mucho y eso era de mucho agrado para la señora, quien miraba complacida cómo su hija al fin se llevaba bien con una muchacha de su edad y de su misma edad.
–Señora Doina, por favor nos permite quedarnos hablando un rato aquí afuera de su casa –pidió Antonella mientras parpadeaba y con el movimiento batió sus pestañas de arriba hacia abajo, a lo cual Romina la imitó y su madre